LA MORATORIA ES INÚTIL SIN UN PLAN DE REACTIVACIÓN-Por Roberto Anselmino

En estos tiempos nacen preguntas lógicas… Preguntas que disparan temores y muestran realidades y problemas:

¿Quién puede pagar impuestos en tiempos de depresión económica? ¿Qué empresa podrá cumplir con la cuota de la inminente moratoria si la demanda se mantiene congelada?

Lanzar una moratoria sin un plan de reactivación realista, consensuado, ejecutivo y efectivo, es como poner los caballos delante del carro.

Especialmente las pymes son las más preocupadas. Y esa preocupación debería calar aún más profundo de lo que caló en Olivos o en la Casa Rosada y ministerios adyacentes. ¿Acaso no vivimos todos en un mismo país?

La moratoria que hoy se discute en el gobierno no tiene sentido sin medidas. Pero no deben ser medidas que solamente apunten a aumentar las ventas.

Tal vez el ministro Kulfas no tomó nota (aclaremos que el ministro Guzmán tiene el anotador monopolizado con los acreedores de la deuda argentina)… repito: No tomó Kulfas notas de lo que desde las entidades pymes le vienen alertando con sirenas y campanas:

1) Desapareció de las empresas el capital de trabajo.

2) Las pymes tienen aún cortada la cadena de pagos.

3) El sistema financiero mira para otro lado, más precisamente en las normas de Basilea más que en la crisis terminal que la pandemia nos metió.

4) Las pymes no viven de anuncios que no se anuncian o de discursos sobre la postpandemia. Este virus sigue matando empresas como mata personas. Por supuesto que la vida humana es sagrada y está ante todo. Pero también es verdad que la muerte de empresas pymes es por falta de previsibilidad. No hubo un plan “sanitario económico” para impedir la destrucción del entramado productivo, industrial, comercial y de servicios que crea riqueza y garantiza el bienestar general y las futuras arcas del estado. Sólo se administró la crisis. ¿Falta de ingenio o subestimación del poder destructivo del COVID-19?

Y no son los únicos escollos. Son tal vez los principales y los hay más preocupantes cómo qué hacer con esa gran masa de desocupados que seguirán desocupados y que en febrero no imaginaban que iban a caer en el abismo del desempleo. Y qué hacer con los al menos 40000 empresarios pymes, emprendedores, cuentapropistas que parecen condenados al olvido luego de que metieran llave a sus negocios para luego decir “hasta aquí pude”.

Así que al momento de planificar la pobremente bautizada “nueva normalidad” hay que parar la sangría que nos hunde en la pobreza. Y este hundimiento es tan importante o más que estar hipnotizados solo por las negociaciones de la deuda. Hay que pensar en medidas que aseguren una rápida recuperación. Hay que dejar de lado los estériles enfrentamientos y aquello que hoy por hoy no tiene importancia para la sobrevivencia de nuestra nación y volver a esa llamada “rosca” que busca consensos. Es vital lanzar medidas que no dejan nada librado al azar. Medidas audaces como creativas, pero fundamentalmente consensuadas en la política, con los sectores sindicales y con las organizaciones gremiales empresarias. El consenso es el seguro que se logra para que toda iniciativa tenga éxito.



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