Las dos formas de pasar el invierno-Por Marcelo Bátiz-



La pandemia de coronavirus obligó a todos los gobiernos del planeta a cambiar de libreto sobre la marcha. Todos, sin excepción, debieron recurrir a medidas de emergencia para hacerle frente tanto a la cuestión sanitaria ante un virus nuevo como a la económica y social, ya que las actividades comerciales, industriales y de servicios debieron suspenderse o reformularse.
Eso llevó en la mayoría de los casos a la ejecución de gastos fuera de lo previsto, en algunos casos billonarios en dólares o euros. Y la recuperación, tanto de la economía real como de las finanzas públicas, llevará un tiempo que podrá variar según haya sido la intensidad de esos programas de emergencia como de la capacidad de cada país para hacer frente a la situación.
Y ahí comienzan los problemas. Para hacer una comparación entre tantas, el frío del invierno no tiene las mismas consecuencias para aquellos que viven bien abrigados en viviendas con calefacción y sin problemas de alimentación que para los que están desnutridos y en situación de calle. No hace falta aclarar cuál de los dos casos se asemeja a la situación argentina.
En un mundo donde la inflación es una curiosidad del pasado, la Argentina no consigue perforar aún el 42% de inflación anual, con una moneda en la que pocos confían por su constante depreciación y una pobreza que algunos se aventuran a fijar en cerca del 50% después de la pandemia.
Todo esto con el telón de fondo de más de un siglo de déficit fiscal, con contadas y aisladas excepciones que no fueron por políticas virtuosas sino por la licuación generada por devaluaciones brutales.
En esas condiciones es que la Argentina ingresó a la pandemia. Es por eso mismo que comparar el aumento de su déficit y su gasto público con los de países con cuentas ordenadas desde hace años es como equiparar los efectos del invierno entre un homeless y una persona bien abrigada y calefaccionada en su living.
Y es por eso que habrá que prestarle la debida atención al proyecto de ley de ampliación del Presupuesto que el Poder Ejecutivo acaba de presentar. Sigamos atentamente esta progresión. Y tengamos presente que son cifras oficiales, no estimaciones de una consultora:
. En enero, el déficit proyectado para todo el año era de 307.000 millones de pesos.
. En el presupuesto vigente al 30 de junio, ya era de 997.000 millones.
. El proyecto de ampliación del presupuesto eleva el déficit de todo el año a 2 billones y 214 mil millones de pesos.
En la presentación del proyecto al Congreso, Santiago Cafiero y Martín Guzmán aclaran que eso representa un aumento del déficit primario del 122% en comparación con el presupuesto vigente al 30 de junio.
Les faltó hacer una cuenta: si se lo compara con el presupuesto original, el de enero, el incremento del déficit es del 620 por ciento. También se les olvidó establecer los porcentajes del PBI, que nos llevaría a un déficit primario de más o menos el 8%, el más alto desde la híper de 1989.
Desde ya que las urgencias del coronavirus merecen toda la atención y nadie puede esperar que justamente en medio de la pandemia un país con la historia fiscal de la Argentina cierre sus cuentas en equilibrio.
Pero, de la misma manera, nadie puede esperar que multiplicar por siete el déficit primario no vaya a tener consecuencias. Mucho más para un país que hace tiempo pasa el invierno subalimentado y en la calle.


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Autor entrada: Consumer

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