Una de espías que no es fantasía. Por Ernesto García-


En los años 60 del siglo pasado las películas de espías estaban de moda muchas series muy elaboradas con grandes estrellas y muchas otras eran parodias de las mismas hasta con dibujos animados con esta temática. La más famosa fue The Secret Squirrel Show (1965), conocida en castellano como El Inspector Ardilla. Otro programa de dibujos animados de este género fue Cool McCool (1966-1969), creado por Bob Kane, inventor del personaje de Batman en los cómics.
James Bond 07 se estrena en 1962 y el agente de CIPOL desde 1964 igual la serie británica Secret Agent (1964-1967)
Una de las parodias más recordada (1965) fue protagonizada por Don Adams, como Maxwell Smart, el agente 86, y Barbara Feldon, como la agente 99.
Derek Flint es una parodia de James Bond y Doc Savage, interpretado por el actor James Coburn en dos largometrajes, Our Man Flint (1966) y In Like Flint (1967).
Los ángeles de Charlie serie de televisión estadounidense emitida por la cadena ABC entre 1976 y 1981, mientras el estreno de Misión imposible fue en 1996 y Johnny English parodia de las películas de James Bond, en 2003.
Así series mediante, aquello que parecía una fantasía fue poniendo una frazada cultural o en el peor de los casos acostumbrándonos al espionaje, a las traiciones y hasta sus propias parodias, que podríamos traer desde la época medieval, si el objetivo de esta reflexión fuese investigar la historia.
Un escenario muy utilizado era la fachada de representar a una familia típica, que son en realidad espías soviéticos viviendo en el Estados Unidos de los años 80 del siglo pasado, en plena Guerra Fría.
La Guerra Fría fue un enfrentamiento político, económico, social, militar e informativo iniciado tras finalizar la Segunda Guerra Mundial entre el bloque Occidental (occidental-capitalista) liderado por los Estados Unidos, y el bloque del Este (oriental-comunista) liderado por la Unión Soviética y su origen se sitúa entre los años 1945 y 1947, durante las tensiones de la posguerra, y se prolongó hasta la disolución de la Unión Soviética (inicio de la Perestroika en 1985, accidente nuclear de Chernóbil en 1986, caída del muro de Berlín en 1989 e intento de golpe de Estado en la Unión Soviética de 1991). Ninguno de los dos bloques tomó acciones directas contra el otro, razón por la que se denominó «guerra fría».
Por nuestras latitudes la Secretaría de Inteligencia (SI), más conocida por su nombre anterior; Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE) fue el mayor servicio de inteligencia de la República Argentina entre 1946 y 2015. También dirigió el Sistema de Inteligencia Nacional.
Entre sus funciones se definía: Planear, coordinar, ejecutar y supervisar las actividades de inteligencia de acuerdo con la Política de Inteligencia Nacional y con los Lineamientos Estratégicos y Objetivos Generales, fijados por el señor presidente de la Nación, conforme lo establece la Ley n.º 25.520 de Inteligencia Nacional.
Profundizar las relaciones funcionales del Sistema de Inteligencia Nacional, respetando la Constitución Nacional y conforme a las normas legales y reglamentarias vigentes.
Proteger el bienestar general de la sociedad, priorizando el resguardo de los derechos individuales y colectivos en un marco de legalidad, integridad y objetividad.
Identificar e interpretar, anticipada y coherentemente, las amenazas contra el territorio nacional y la seguridad individual y colectiva humana, en función de los intereses vitales de la Nación.
Promover y afianzar las relaciones con el mayor número posible de agencias o servicios de inteligencia extranjeros, a fin de crear canales fluidos de intercambio informativo y de inteligencia.
Durante la dictadura militar la Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE) siguió cumpliendo tareas de inteligencia interna como hasta entonces, pero ahora bajo la dirección del ejército. Estos organismos estaban encargados de recopilar la información de todas las estructuras que había que “atacar” y personas que había que “desaparecer”. Pero no se agotaron en esto ni mucho menos las actividades de la SIDE, que no sólo realizaba tareas de inteligencia al servicio de un plan de exterminio, sino que participaba también de manera directa en su ejecución, funcionando como jefatura del Grupo de Tareas 5 (GT5), formado por agentes del organismo, que estuvo involucrado directamente en el secuestro y desaparición forzada de personas. Personal de la SIDE se turnaba además con los de las demás fuerzas que intervenían en el esquema represivo, para custodiar a los prisioneros en los centros clandestinos de detención (CCD).
La SIDE represiva empezó antes, en 1973, como todo el aparato represivo del Estados solamente los Comandos Operacionales -las Jefaturas- conocían de qué personas se trataba en virtud de la Lista de Detenidos.
También se confeccionaba la Ficha Final de Antecedentes girada, previa verificación de la Jefatura del Grupo de Tareas, a los archivos de las dependencias de Inteligencia.
Claro que los métodos no eran tan modernos, miles de fotos y carpetas de papel y películas logradas por infiltrados en manifestaciones, partidos políticos, sindicatos, etc. recorrían escritorios donde alguien calificaba tu “peligrosidad” y planificaba tu destino.
“Así pudo verificar (Pepito) que no tenía calificación, aunque estuvo condenado, y esa “no es cuento”.
Frente a la muerte del fiscal especial Alberto Nisman, Cristina Fernández de Kirchner dijo en cadena nacional que disolverá la Secretaría de Inteligencia del país y que presentará un proyecto de ley para la creación de un nuevo organismo.
“Hay que comenzar a trabajar por un proyecto de reforma del sistema de inteligencia argentino, ya que el existente no ha servido a los intereses nacionales”, afirmó la mandataria.
“Hemos visto una suerte de calesita permanente de fiscales, jueces y medios de comunicación que evidentemente ha quedado al descubierto y que hay que cortar de cuajo”, decía.
En febrero de 2015 el Congreso Nacional aprobó un proyecto de ley para disolver el organismo y crear, en su lugar, la Agencia Federal de Inteligencia
Su anuncio fue sido recibido entonces con cierta incredulidad persisten las dudas de que la nueva AFI pueda trabajar con transparencia y sin subordinación a intereses partidistas.
Ahora se va descubriendo, que no solo se “espiaba ajenos”, sino la trama de traiciones internas, una trama casi imposible de reconstruir y entender con una lectura o repaso simple de titulares.
Ahora más que nunca queda de manifiesto que no alcanza a ser ni una buena parodia de las series de los 60 con las que los cineastas ganaron dinero y que el estado argentino dilapidó cifras secretas multimillonarias, queda claro que nunca se definió cuáles son ”las normas legales y reglamentarias vigentes” anunciadas en sus objetivos.
Queda claro que la reconstrucción social y política que esperamos, creando nuevas formas de actividad a planificar por nuevas generaciones no estarán a resguardo de crecer libremente, con tanto poder informativo y la tecnología actual en manos del “ojo que todo lo ve”.
Soy Ernesto García, te espero aquí en radio CONSUMER PERIODISMO, tu opinión importa

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Autor entrada: ernesto garcia

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