La pelota cada vez rebota menos-Por Marcelo Bátiz.



Todos ya sabemos que este año está económicamente perdido. Es una de las pocas cosas en las que el consenso es unánime, más allá de las razones que cada parte puede argumentar como causa. En lo que no hay acuerdo es en definir cuándo comenzará la recuperación y mucho menos en qué momento la economía argentina volverá a niveles compatibles con los previos a la pandemia.
Sobre esto hubo varias proyecciones que quedaron rápidamente desestimadas a medidas que pandemia y cuarentena fueron corriendo el arco, desde aquella remotísima y ahora olvidada predicción sobre el pico del virus que iba a ocurrir la primera semana de abril… En fin, no está de más recordar las cosas que les dijeron a los primeros que se animaron a pronosticar una caída del PBI de dos dígitos. Ahora parecen pronósticos optimistas.
A medida que fueron avanzando la pandemia y la cuarentena, fue quedando en evidencia una realidad que obligó a ser más cautos a la hora de prever el momento de la recuperación y el retorno a los niveles pre-pandemia. Y esa realidad es que mes a mes, la mejora en los indicadores se va atenuando y ya no se sabe cuál será la letra para graficar la evolución de los indicadores. Ya se descartó la “V”, también la “U” y ya muchos desconfían de la “L”.
Repasemos. Abril fue el peor mes, con caídas catastróficas por el cierre de casi todas las actividades comerciales e industriales. La reapertura paulatina a partir de mayo permitió abrigar algunas esperanzas y algunos ya especulaban con un PBI creciendo en el cuarto trimestre. Y al que no lo crea, que revise el Relevamiento de Expectativas de Mercado del Banco Central.
En junio comenzaron los problemas pero no todos fueron lo suficientemente buenos observadores para percatarse. También hubo una mejora mensual, pero fue mucho menos notoria que la registrada entre mayo y abril. Lo que en realidad ocurrió es que el “rebote” de mayo no tuvo el respaldo necesario de capital como para sostenerse en el tiempo.
Los datos de julio comparándose con junio recién empiezan a darse a conocer. Pero ya hubo uno que hizo sonar las señales de alarma. Después de la catástrofe de abril, los patentamientos de autos habían registrado en mayo un crecimiento mensual del 380,4%. Era natural, por la malísima base de comparación. Junio contra mayo mostró un aumento del 74,3%. Hasta ahí todo más o menos previsible, aun en el marco de la mala situación que la actividad viene atravesando hace más de dos años y que la cuarentena agravó al extremo.
Pero los patentamientos de julio ya no crecieron, sino que cerraron con una caída del 18,8% en comparación con julio. Las explicaciones que dieron los empresarios del sector, agrupados en ACARA, quizás puedan extrapolarse a otras actividades: no pueden recomponer el stock, por las complicaciones propias de la pandemia pero también por las que imponen las restricciones cambiarias.
En los próximos días se irán conociendo datos de producción y ventas de julio de las diferentes actividades económicas. Serán un buen termómetro para saber hasta cuándo habrá que esperar para una verdadera recuperación que sea algo más que un rebote estadístico. Un rebote que, para colmo es cada vez más corto.
 


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