LA PESIMA RELACION DE SAN MARTIN CON SU SUEGRA-Por Yayo Hourmilougue.

Tomasa Francisca de la Quintana nació el año 1762​ en la ciudad de Buenos Aires. Era hija del brigadier José Ignacio de la Quintana y de Petronila de Aoiz y Larrazábal Avellaneda, y por tanto hermana de Hilarión de la Quintana, combatiente contra las Invasiones Inglesas y guerrero de la independencia.

Tomasa fue una patriota argentina que actuó en la sociedad porteña al servicio de la revolución de Mayo y en los primeros años del movimiento emancipador. Es considerada una de las Patricias Argentinas.

El 14 de junio de 1783​ se casó en la ciudad de Buenos Aires con el comerciante Antonio José de Escalada, uno de los principales vecinos de la capital virreinal.

San Martín era por entonces un oficial recién llegado a la ciudad, sin fortuna y de dudosa procedencia que estaba lejos de ser el candidato ideal para la joven Remedios de Escalada. Sin embargo, la muchacha se empecinó en acercarse a él y sus padres terminaron cediendo. Aunque doña Tomasa que además de suegra del general era tía de uno de sus grandes amigos: Tomás Guido, una unión que se cimentó en las luchas por la independencia, jamás lo aceptó. Siempre se refirió a él en términos despectivos.

Al conocer a San Martín, Remedios se deslumbró a tal punto que rompió el compromiso que tenía con Gervasio Dorna, un joven de 22 años que debido a esto, prefirió abandonar Buenos Aires y enlistarse en el ejército de Belgrano. Moriría en el combate de Vilcapugio, el 1 de octubre de 1813. Cuando San Martín pidió la mano de Remedios, Doña Tomasa puso el grito en el cielo, nunca le agradó San Martin y lo llamaba “el soldadote” o “el plebeyo”.

Claro que San Martín no se las hizo fácil. En una cena en lo de los Escalada en pleno noviazgo, cuando vio que su edecán había sido enviado a comer a la cocina junto a los sirvientes, se levantó y fue a comer con él.

Más allá de cualquier obstáculo, el 12 de septiembre de 1812 María de los Remedios y José Francisco se casaron con la bendición del padre Luis Chorroarín en la Catedral porteña. Fueron testigos Carlos María de Alvear y su esposa, Carmen Quintanilla.

La fiesta fue en la casa de los suegros. Los recién desposados fueron de luna de miel a una quinta en San Isidro, que era de María Eugenia, la hermana mayor de Remedios.

El fruto de aquel sufrido amor patrio nació en Mendoza y llevó por nombre Mercedes Tomasa de San Martín. Años más tarde, debido a la muerte temprana de Remedios, la niña, a la que todos llamaron Merceditas, terminó al cuidado de su abuela en Buenos Aires.

El 3 de agosto de 1823 Remedios falleció en la quinta familiar que se levantaba en avenida Caseros y Monasterio, en Parque Patricios. Tenía 25 años. Dejó este mundo pidiendo por su marido, lo que provocó un profundo resentimiento en la familia, pero especialmente en su madre Tomasa, quien quedó al cuidado de su nieta.

Hacia 1824, alcanzadas las independencias de Argentina, Chile y del Perú, el Libertador decidió regresar a Europa. Tuvo muchas dificultades para que Tomasa entregara a su nieta, dado que apenas le dirigía la palabra a San Martín. Aquel éxodo al Viejo Continente duró un par de meses y la pequeña dio a su padre más problemas que el ejército español. O casi.

San Martín contó tiempo después a su amigo Manuel de Olazábal en una carta, “Qué diablos, la chicuela es muy voluntariosa e insubordinada, ya se ve, como educada por la abuela; lo más del viaje la pasó arrestada en un camarote”.

La teoría del Padre de la Patria era que su suegra, con el uso “excesivo de cariño”, había convertido a Merceditas en un “diablotín”. En este contexto se entienden las famosas máximas de su autoría, que no son más que una serie de consejos actitudinales a Merceditas.

En la carta de fecha 6 de enero de 1827 dirigida a Tomás Guido, San Martín revela que prácticamente tuvo que arrancarla de los brazos de su suegra:

“Esta amable señora, con el excesivo cariño que le tenía me la había resabiado (como dicen los paisanos), en términos que era un diabolín. La mutación que Mercedes ha operado en su carácter es tan marcada como la que ha experimentado en figura. El inglés y el francés le son tan familiares como su propio idioma y su adelanto en dibujo y la música son sorprendentes. Usted me dirá que un padre es un juez muy parcial para dar su opinión; sin embargo, mis observaciones son hechas con todo el desprendimiento de un extraño, porque conozco que de un juicio equivocado pende el mal éxito de su educación”.

Mercedes volvería a ver a su abuela Tomasa, cuando viajara a Buenos Aires con Mariano Balcarce su flamante esposo. Luego de tener a su primera hija, volvería a Europa.

Ahora el mismo San Martín sería también suegro y abuelo.

Pero él no volvería a ver a doña Tomasa, en su vida.

Adaptado radialmente.

Crédito;

Horacio Molino 
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