¿QUO VADIS, LORENZETTI? Por Luis Tarullo-

El ex presidente de la Corte Suprema nacional Ricardo Lorenzetti reapareció días atrás con unas apreciaciones sobre la cuarentena por el coronavirus, que inicialmente fueron evaluadas  y presentadas como críticas, y adoptadas como ejemplo por quienes fustigan el aislamiento.Pero, leídas y releídas, las afirmaciones de Lorenzetti (11 años presidente del máximo tribunal, ocho de ellos durante el kirchnerismo, que justamente lo propuso para la Corte), instaladas rápidamente en el dilema extremo del blanco o negro, fueron tornando a gris, máxime si se presumen objetivos subyacentes del juez.Profusamente anunciadas, las declaraciones de quien fue durante más de una década el cuarto dignatario en la línea de sucesión presidencial y que recién deberá irse del alto tribunal cuando se jubile, en la primavera de 2030, tuvieron lógica y hasta una elementalidad evidente.“Los gobiernos no pueden avanzar sobre las libertades individuales”;  “en Argentina tuvimos una cuarentena rígida y ahora donde se puede liberar hay que liberarla porque no puede ser permanente”; “hay un riesgo de autoritarismo a nivel mundial, si la emergencia se prolonga en el tiempo”; “en Argentina se ha actuado dentro del Estado de derecho”; “la limitación en las libertades tiene que terminar y enfocarse en los lugares donde se transmite el virus”, fueron algunas de las frases que desgranó en CNN Radio.Todo el mundo reprodujo la entrevista y hubo quienes se enancaron en ella para aseverar que eran advertencia y críticas al gobierno de Alberto Fernández, quien junto con Néstor Kirchner lo catapultaron como juez cortesano.Muchos aspectos de esta repentina reaparición pública de Lorenzetti son al menos llamativos o invitan a la reflexión y hasta la especulación. En primer lugar, después de haber hablado en un medio que no lo incomodó, el juez volvió a “guardarse” y dejó que el agua corriera.Además, no se internó -ni le pidieron que lo hiciera- en terrenos tanto o más ríspidos, como la reforma judicial, el presupuesto y la infraestructura de los tribunales, el Consejo de la Magistratura, la cantidad de miembros de la Corte y varios más. Incluida la demora muchas veces parecida a la eternidad de la Corte para resolver temas o los fallos “salomónicos” que suele emitir en momentos políticos complejos.Durante el tiempo en el que estuvo al frente del tribunal, Lorenzetti fue amante de las apariciones rutilantes, a razón de unas pocas anuales, para reclamar, pedir y advertir, aunque siempre todo se saldaba. Y especialmente a la fecha en que el gobierno de turno enviaba nuevas partidas presupuestarias a los tribunales.Cuando el macrismo estaba en su apogeo no opuso resistencia y su lugar fue ocupado por el candidato de ese gobierno, Carlos Rosenkrantz, de perfil bajo -en las antípodas de su sucesor- y quien está mostrando una gestión prudente, aunque también opacada por el hecho de que en varios fallos perdió contra una nueva aparente “mayoría automática” (proto peronista), que integran Lorenzetti, Horacio Rosatti y Juan Carlos Maqueda, a los que a veces se suma la hábil Elena Highton.Lorenzetti, tan político como los políticos, nunca se resignó a dejar la cúspide del máximo tribunal. Vuelto el peronismo al poder, se siente cómodo nuevamente, tanto que vale preguntarse si esta reaparición podría haberse conversado previamente en algún pasillo oficial.También vale indagarse, en esa línea, si el juez oriundo de Rafaela hizo lo mismo que otros sectores cuando los oficialismos necesitan voces aparentemente críticas de peso en momentos en los que, justamente, la oposición política no es capaz de generar los equilibrios necesarios.Y, como cereza de la torta, hay que recordar que el año que viene, más precisamente en octubre, vence el mandato de Rosenkrantz. Será tras una etapa de pandemia, posiblemente con una reforma judicial en discusión o tal vez concretada, en el cenit de la campaña electoral de medio tiempo y a pocas semanas de las fundamentales elecciones legislativas.Un combo ardiente en medio del cual Lorenzetti podría jugar a sus anchas e intentar el retorno al sillón mayor, aunque no pierde de vista que Rosatti también mira el sitial con fruición y aún no está mostrando sus cartas, entre las que tiene la de haber sido ministro de Justicia de Kirchner. Claro que hay otra que le juega en contra al también santafesino: se fue del gobierno del patagónico haciendo sonar fuerte la puerta de salida por discrepancias con líneas de la administración del ex gobernador patagónico. Y Lorenzetti lo hará valer a la hora en que todos deban dar vuelta los naipes.Por ello, hay que leer más allá de las expresiones coyunturales del ex mandamás de la Corte. Y, en todo caso, preguntarse, e incluso preguntarle: ¿Quo vadis, Lorenzetti?

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