Afiches, cambalaches y picardías de un tango consorcial-Por Patricia Vásquez-

Devenidos en vidrieras de límpidos cristales, los Consorcios muestran con claridad el impacto que las medidas tomadas para la prevención sanitaria tienen sobre nuestra vida cotidiana, en un contexto económico difícil, con un emparde entre la desazón y la expectativa de una salida con indemnidad.

El adelanto presidencial sobre la posibilidad extender el plazo más allá del 30 de este mes del Decreto 320/2020, que congeló los precios de los alquileres; prorrogó los contratos y suspendió los desalojos es una esperanza para aquellos inquilinos sin ingresos o trabajo espaciado. Pero reabre un debate, ya en curso, entre asociaciones inmobiliarias, de propietarios e inquilinos.  La puja roza los Consorcios que se ven afectados en sus ingresos. 

Recordemos que el tejido consorcial está compuesto por propietarios e inquilinos, que deben pagar expensas conforme acuerdo de partes.  Estos últimos el alquiler y las expensas. Claro que la responsabilidad final de pago corresponde al propietario, pero es una probabilidad que sus recursos no sean mejores que los de sus locatarios. Para muchos un plus en sus ingresos. Para otros muchos, un puntal de su jubilación. Los datos de la caída de recaudación, revelan esta situación.  

El porcentaje de morosidad, que fue muy alto en los primeros meses de la cuarentena y tiene tendencia a la baja, hoy es más alto que en su promedio histórico. Está en el orden del  25% en el caso de viviendas y del 40% en el caso de las oficinas, señala Matías Ruiz titular de la AIPH, Asociación Civil de Administradores Independientes.

Al raleo de ingresos, se le suma el aumento paritario del 15% en los salarios del personal a partir de julio último, y el aumento de gastos en facturación de gas para aquellos edificios que tienen servicio calefacción por calderas. Un círculo para nada virtuoso de carencia de ingresos y abundancia de gastos, que remite a una ecuación inequitativa y desagradable: a menos ingresos, expensas más altas. 

En este escaparate de ñatas contra el vidrio, tan discepoliano,  la nueva ley de alquileres 27. 551 aporta lo suyo. Despejó dudas sobre el pago de expensas extraordinarias, que siempre fueron a cargo del propietario, salvo viveza criolla. Pero ahora el inquilino podrá hacer reparaciones que no le corresponden al Consorcio, en caso que el locador no atienda su reclamo, y pretender la recuperación del gasto. Ocasión ideal para que más de un propietario intente invertir la carga de la obligación en pos de lograr que sus vecinos, el Consorcio, asuman el costo de la reparación.

Un clásico en el  inicio de conflictos donde el administrador queda en el medio y como blanco perfecto.

Una filosofía oportunista que enreda y confunde sobre los derechos y obligaciones que reglan la vida de la  propiedad horizontal,  y que ha servido de sustento a algunos pícaros para atacar a los administradores de Consorcios. Que los hay negligentes. Si, los hay. La mayoría no lo son.

Con afiches idénticos a la cartelería que usa el Gobierno de la Ciudad, una agrupación de inquilinos inundó las redes con una campaña agresiva contra los administradores, de carácter difamatorio, “con miras a la efectiva discriminación”, señala la Cámara Argentina de la Propiedad Horizontal (CAPHAI) en  la denuncia que hoy presentó ante el Defensor del Pueblo, doctor Alejandro Amor.

Retazos y afiches de este escaparate en cuarentena que exhibe nuestros ángeles y demonios “Igual que en la vidriera irrespetuosa de los cambalaches se ha mezclao la vida”.

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