BUENA ALIMENTACIÓN, BUENA CALIDAD DE VIDA-Por la Licenciada en Nutrición Natalia Forneris (MP 4033, MN 8852)

La alimentación, a lo largo de estos meses de cuarentena por el coronavirus, fue teniendo mayor atención y mutando hacia una mejor calidad nutricional debido a la conciencia que se originó en esta particular situación.

En principio, ante la noticia de que el aislamiento social y el aislamiento obligatorio eran algo inminente, la gente empezó a abastecerse de ultraprocesados y alcohol para “subsistir”. Desde nuestro punto de vista, esto es algo preocupante ya que son productos alimenticios con baja calidad nutricional que en general tienen una alta densidad calórica (muchas calorías en poco volumen) y aportan grandes cantidades de azúcares, grasas, sal y aditivos.

En consecuencia, su consumo desmedido no sería lo más conveniente para alcanzar un buen estado de salud, prevenir enfermedades y/o afrontar una pandemia.

A medida que pasó el tiempo muchos fueron aprovechando tal situación para convertirla en la oportunidad de volver a cocinar, realizar las comidas diarias y optar por alternativas mucho más saludables. Esto resultó ser un cambio favorable debido a que la mayoría de estos puntos se perdían con la rutina diaria, el trabajo, el estrés o el pasar muchas horas fuera de casa.

Si bien esto representa una mejora en los patrones alimentarios, no quedan exentas las ingestas excesivas; es decir, se mejoró la calidad de las comidas, pero las cantidades, en general, aumentaron.

Lo ideal es generar un equilibrio, comer bien (elegir alimentos reales que nutran), variado y en las cantidades suficientes para lograr un óptimo estado de salud y bienestar. La alimentación debe incluir frutas y verduras a diario, más legumbres, cereales integrales y granos enteros, y semillas y frutos secos que aporten grasas saludables.

A la vez, se debe evitar o reducir al mínimo el consumo de alimentos que carecen de calidad nutricional (procesados), jugos y bebidas azucaradas o alcohólicas.

Un estilo de vida saludable se construye con la práctica de buenos hábitos de forma continuada y esto no solo implica hacer buenas elecciones alimentarias, sino también realizar actividad física regularmente, tener buen descanso nocturno, controlar las emociones y el estrés (puede ser útil el espacio de terapia o actividades de relajación), mantener buena hidratación y evitar el tabaco, las drogas y el alcohol.

Sin dudas, dar cuenta de esto y comprometernos en mejorar nuestras acciones diarias nos va a conducir ineludiblemente a una mejor calidad de vida y predisposición ante posibles enfermedades y el envejecimiento.

Licenciada en Nutrición Natalia Forneris (MP 4033, MN 8852)

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